Jajaja, qué bueno. Estoy en un punto de mi “entrenamiento” en el que se supone que debo aceptar lo que me pasa, asumirlo y dejar de “esconder la cabeza como un avestruz”, palabras literales de mi guardián, y voy y me encuentro con este post ¡menuda indirecta! XD Evidentemente, es mucho más fácil decir, sí, lo haré, que hacerlo. Para mí contar mi historia, y todo lo que ello implica, supone un esfuerzo titánico difícil de describir. No obstante, me enfrento a mis propias palabras y a mi compromiso y lo voy a hacer, que cada cuál piense lo que quiera, entre tanto, tengo la esperanza de que como que, evidentemente, éste será un post mega-súper-largo, la mayoría no lo lean… Qué cobarde soy
Allá voy:
En mi caso ambas preguntas son una sola, pues no había más camino para mí que el que sigo una vez que me pasó lo que “me acercó a este lugar”…
Antecedentes: Tengo 29 años y siempre he sido “rarita” y me he esforzado lo que no está escrito por ser simple, pura y llanamente normal, debo decir que con poco o nulo éxito. No he sido nunca una cristiana modelo, tampoco mi familia, pero sí tenía cierta fé hacia algo, en especial en la última etapa de mi vida, antes pasé por el agnosticismo y el ateísmo, digamos que antes de todo esto estaba en una especie de “quéseyoísmo”, pero en algo creía, cercano a una versión propia y “sui generis” del cristianismo… Cuando digo que he sido “rarita” me refiero tanto a que he tenido cierta facilidad para “prever” acontecimientos importantes que me pudieran suceder o que he sentido siempre cierta atracción por la magia, la brujería, la videncia, etc, cómo que nunca he sido aceptada por la sociedad. Genero rechazo, o algo así. Por otro lado, siempre he tenido una mente bastante racional y lo he analizado todo detalladamente, a pesar de saber leer el tarot o tener comprobada cierta eficacia en el uso de ciertos hechizos, era algo que no hacía habitualmente, sólo en momentos necesarios y muy puntuales, a lo que no prestaba la mayor atención y que guardaba en cierto secreto, incluso a veces me molestaba porque consideraba que eso me hacía “anormal”… Asimismo siempre he sentido una enorme necesidad de saber, sed de conocimiento, dirían algunos, así que llevo toooooda mi vida estudiando. También sentía -o mejor dicho, sabía- que estaba en este mundo para hacer algo, como que tenía una misión ¿cuál? ni idea, pero pensaba que era algo importante y en absoluto misterioso, esotérico ni nada. Yo quería cambiar el mundo, pero pensaba más bien en términos mundanos, no sé si se entiende…
Mi historia: Estudié periodismo, me puse a trabajar de periodista, oficio que creía que me serviría para, no sé cómo, cambiar el mundo. Me casé, por la iglesia, enorme error, pero resumiendo diré que por cuestiones familiares no tuve otra opción. Ni mi profesión era lo que debía ser ni yo me sentía plena, en busca de plenitud, me quedé en la universidad estudiando primero historia, después filosofía, después filología, después antropología, hasta que descubrí una licenciatura que lo conjuntaba todo “Humanidades”, y ahí me quedé, mientras llenaba vacíos con asignaturas sueltas de mi interés. Tal y como respondía preguntas, surgían otras…
Mi vida era, desde el punto de vista de cualquier persona, perfecta: Tenía un marido que me quería con locura, una carrera profesional de éxito desempeñando el trabajo que había soñado desde niña, altos ingresos económicos, etc, etc. Pero yo era el ser más infeliz sobre la tierra. Un día, no sé cómo, recordé que de adolescente, cuando fantaseaba con la idea de ser periodista, siempre decía que además sería escritora. Ese sueño volvió con fuerza y decidí hacerlo realidad. Empecé una novela, pero algo no estaba bien, no era eso lo que quería contar. Pensé sobre ello durante mucho tiempo y al final, un día, por “inspiración” vino a mí una idea: Contar la historia del diablo. Era el año 2007, si no recuerdo mal. Le di muchas vueltas a la idea y tenía muy buena pinta, pero había algo que “me paraba”. Siempre había sentido una mezcla de fascinación y terror por la figura de Satán.
Al final, pasaron unos seis meses hasta que empecé a escribir, ya era el año 2008, y una serie de “cosas extrañas” empezaron a ocurrir a mi alrededor, me asusté y dejé de escribir. Mi vida, a pesar de ir bien, estupendamente bien, estaba cada vez más y más vacía. Una serie de circunstancias profesionales me obligaron a replanteármelo todo y de pronto supe que “todo se iba a arreglar pero que sólo saldría bien si me dedicaba a mi novela”. A los pocos días me llamaron de un empleo “ideal” en cuanto a sueldo, responsabilidades y horario, increíble, pero ese trabajo me permitía dedicarme también a escribir. Lo acepté y al instante supe que “tenía 6 meses” para hacer lo que debía o volvería al punto anterior. Obvié aquellas sensaciones, o advertencias o pensamientos y me dediqué a disfrutar de esa oportunidad, invirtiendo el tiempo libre en estudiar cosas como la historia de las religiones o psicología en busca de respuestas que nunca llegaban. A los seis meses perdí el empleo. De inmediato me di cuenta de que aquellas amenazas interiores que había ignorado eran ciertas y me comprometí a enfrentarme a mi libro a cambio de que todo volviera a la normalidad. A los dos meses la normalidad regresó, con un empleo incluso mejor en condiciones que el anterior. Retomé el libro, era enero de 2009. De nuevo sucedieron algunas cosas extrañas a mi alrededor, pero lo que más me preocupaba era lo que sucedía en mi interior, no sé cómo explicarlo, “algo cambiaba” o “algo despertaba”. La investigación para recopilar información fue larga, la escritura era casi compulsiva… Me asusté de nuevo y dejé de escribir. Estaba paralizada, aterrorizada, aunque en aquel momento me ponía excusas baratas como que no tenía tiempo para escribir o que debía ocuparme de otras cosas, incluso, hay que ver hasta qué punto el ser humano puede ser estúpido y engañarse a sí mismo, cambié mi “empleo ideal” por uno peor, en lo que se refiere al horario, que a duras penas me permitía escribir… La advertencia resonó de nuevo en mi cabeza y la ignoré, de nuevo…
Todo estalló en la nochevieja de 2009 a 2010… Esa madrugada pasaron cosas extrañas, de las que yo a duras penas tengo recuerdos. No había bebido alcohol ni nada extraño, pero, algo pasó que sólo sé por lo que después me explicó mi marido. No sabía que ése era el principio de todo lo demás. A los dos meses perdí mi empleo, y “supe” que debía escribir, ignoré de nuevo esa voz interior y busqué un nuevo trabajo, lo encontré enseguida, pero caí enferma. De nuevo “supe” que debía escribir y lo ignoré. La enfermedad me tuvo en cama más de cuatro meses, en los que extraños flashes y recuerdos venían a mí y yo los ignoraba, hasta que una sensación apareció o se acrecentó: siempre había faltado algo en mi vida, había algo que extrañaba, algo que no tenía y cuya falta me hacía infeliz. Comprendí que lo que me faltaba no era algo, sino alguien. Siguieron los flashes y empecé a recordar cosas de mi infancia que había olvidado, como que en todo momento había habido alguien conmigo, un compañero, que me cuidaba, que jugaba conmigo, que me contaba cosas y sobre quién sabía que no podía hablar a nadie. Recordaba su cara, sus gestos, incluso su voz… Empecé a sentir una nostalgia infinita y decidí averiguar qué era aquello. Comencé a buscar información sobre vidas pasadas, autohipnosis para hacer regresiones y demás. Del mismo modo, algo, como un impulso, me decía que para saber debía salir al astral. De los viajes astrales no sabía nada, más allá de lo poco que había leído cuando buscaba información sobre cierta sensación de caída mientras se duerme… Hice varias regresiones, traté de salir al astral con métodos del tipo Brain Sync, y cosas así, pero no conseguía nada o lo que conseguía era incluso más confuso. No obstante, tal y como comencé a buscar y a prestar atención a lo que me ocurría, mi salud mejoró. De pronto “supe” que el único modo de responder a mis preguntas era escribiendo el maldito libro que evitaba…
Cuando recuperé del todo la salud, en junio de 2010, decidí retomar mi libro y llegar al fondo de aquello. Estaba enfadada, no sé con qué o con quién, la verdad, pero todo me daba igual, quería respuestas. Continué investigando para reunir los datos necesarios para mi novela y de pronto pasó algo, una tontería, por la que me enfadé muchísimo: encontré un libro que yo creía -errónamente, debo decir- que era similar al que yo me disponía a escribir. Tuve una especie de crisis de rabia y me descubrí a mí misma chillándole al aire, pidiéndole cuentas a “alguien” que sentía que me había traicionado. No entendía qué me pasaba, pero estaba tan enfadada que tampoco me lo preguntaba, simplemente decidí que no escribía, como “venganza” muy absurda, debo añadir, a esa supuesta traición (qué tonta soy XD) Esa noche me fui a dormir con todo mi enfado y mientras permanecía tumbada en la cama alguien susurró en mi oído con la voz más agradable que he escuchado jamás “te espero…” Reconocí esa voz de inmediato y cualquier rastro de enfado desapareció al momento. Al día siguiente empecé con el libro, desde cero.
La escritura, de nuevo, era compulsiva, la historia salía como si la conociera desde siempre, aunque en realidad yo no sabía cómo se desarrollaba. Es extraño explicarlo y bastante difícil. Mi vida se limitaba a escribir y dormir, cambié mis horarios, varié por completo mi vida. Algo me despertaba cada noche a las tres y cuarto de la madrugada, escribía hasta que el sueño me dejaba rendida y regresaba a la cama. Un día me sorprendí conversando con una voz en mi cabeza. Me lo expliqué a mí misma como que mi personaje protagonista cobraba vida en mi imaginación a causa de la falta de sueño, el cansancio y la mala alimentación. Esa voz era cada vez más clara, y en algún momento se convirtió en una presencia a mi lado. Evidentemente, para mí, todo era mi imaginación, no obstante, debo decir que disfrutaba como una niña pequeña manteniendo conversacíones de lo más variadas con esa “presencia” que me hacía compañía y que tanto podían tratar del progreso de mi trabajo, como de historia, de filosofía, de religión, de lo que fuera. Cuando pensaba en ello fríamente, en pocas ocasiones lo hacía debo decir, me entraba el miedo y la histeria, pues si aquella presencia era el protagonista de mi novela, yo estaba tratando con el mismísmo diablo. No sé cómo, todos los miedos desaparecían cuando sentía a esa presencia conmigo, así que, seguía escribiendo. Un día la curiosidad me pudo y decidí que no seguiría escribiendo hasta que no obtuviera ciertas respuestas. Todas mis alarmas saltaron, pensé que me estaba volviendo loca ¿iba a exigirle respuestas a un producto de mi imaginación? Quise tomarme dos días libres, no escribir en absoluto, sólo pensar por si mi salud mental estaba realmente en riesgo y analizar lo que me ocurría. Aquella noche me quedé en la cama, sin sueño, escuchando música para no “oír” la voz que sabía que tarde o temprano oiría y de pronto noté que “aquello” estaba conmigo, a mi lado ¿sentado en mi cama? Mi dormitorio estaba a oscuras y distinguí un brillo en la oscuridad, algo en el aire parecía cargado de electricidad, no pude evitarlo, alargué la mano y lo toqué, la sensación fue… Indescriptible. Me pasé toda la noche así, tocando (¿acariciando?) aquello, con los cascos puestos, sin querer oír no hablar, sólo sentir. Yo no me dí cuenta, pero esa noche, de nuevo, algo cambió dentro de mí. Aparecieron un montón de sensaciones, de sentimientos, que no creía que fueran posibles.
La noche siguiente soñé con alguien a quién recordaba, con el compañero de mi infancia. Le vi sobre mí, en la cama, frente a mí, a escasos milímetros de mi cara y me despertó. Eran las 3 y cuarto. El sueño había sido tan real que me asusté y quise darme la vuelta y volver a dormir, no pude. Algo se apoderó de mí, me arrancó de la cama y me sentó ante mi PC. Aquella noche entre las tres y media y las seis de la madrugada escribí cerca de 30 páginas. ¿Las escribí yo? Aún hoy, cuando lo leo, veo que hay una evidente diferencia de estilo de esas páginas, que conforman un capítulo entero y el resto del libro. En ese capítulo había muchas de las respuestas a las preguntas que yo, conscientemente o no, me hacía. Todas mis dudas sobre qué o quién era esa presencia desaparecieron ese día, no quedó ninguna, lo que había conmigo, lo que me acompañaba por las noches, con quién hablaba, bromeaba e incluso discutía, era el mismísimo diablo, Satán, Lucifer, etc, etc, etc. Pero si era así ¿por qué no me hacía nada malo?
Mi cabeza en aquel momento aún no tenía las cosas demasiado claras… Ante el miedo y la curiosidad, ganó la curiosidad, y empecé a bombardearlo, literalmente, a preguntas: sobre el orígen de la vida, dios, el infierno, la estupidez humana, filosofía, literatura, y un largo etcétera. Creo que hasta le pregunté cuál era la cura del cáncer… XD A algunas preguntas obtenía respuestas, a otras, simplemente, respondía “escribe y lo sabrás” o “las respuestas están en tu libro”…
A partir de aquí la historia se complica y mucho… Aquel ser que yo consideraba malvado, no lo era, al menos, no como yo imaginaba. Sus razones, motivos, explicaciones, argumentos, actos, gestos, bromas… Todo era increíblemente distinto de lo que yo creía, claro que, eso, no era en absoluto suficiente para convencerme de nada… Y todavía faltaba la respuesta a la pregunta más importante ¿por qué yo? De entre toda la gente que hay en este plantea ¿por qué pasas las noches conmigo, por qué me cuentas todo esto, por qué todo? No obtenía respuestas, o sí, pero no me convencían. La mayor parte del tiempo el ser, la entidad, la “cosa” que sentía junto a mí, con la que hablaba, para mí no era él, sino ¿cómo decirlo? ¿un amigo? ¿un compañero? ¿alguien con quién disfrutaba de estar y hablar? Al poco tiempo sucedió algo, algo dentro de mí “tiraba”, notaba algo “extraño” en el pecho, justo baho el esternón. A veces él me preguntaba ¿notas eso? y lo sentía, a veces lo sentía sin más.
Más o menos en ese mismo momento aquella relación cambió y se convirtió en necesidad, un montón de cosas que había en mi interior salieron, explotaron, y, no sé ni cómo explicar esto ni cómo ponerlo por escrito, llevo unas 12 líneas dando rodeos y eschucho sus carcajadas ante el cúmulo de dudas, miedos, inseguridades, vergüenza, y un largo etcétera de emociones que me atacan y me impulsan a borrar todo lo que llevo escrito… Vale, lo diré claramente, me había enamorado de esa cosa, así, tal cuál, como suena. No era un amor normal, no, era algo peor, antiguo, fuerte, imposible de ignorar, por mucho que yo me dijera a mí misma que amaba con locura a mi marido y que “eso” era sólo un producto de mi imaginación o que todos mis miedos y prejucios me atacaran y apareciera de nuevo en mi mente la imagen de Satán con cuernos y rabo terminado en triángulo o algún que otro fotograma de El Exosrcista… No sé cómo narices lo consiguió -o si lo sé, prefiero no contarlo- pero, para no entrar en detalles que no harán más que aumentar el mal rato que estoy pasando diré que esa relación aumentó a un algo más, que juro porque me muera ahora mismo, no entendía, pero sin lo que no podía vivir, respirar, existir…
Seguí escribiendo mi libro, aunque a esas alturas debería ya de hablar en plurar, y me atasqué justo antes de terminar. Él
insistía en que todas las respuestas que buscaba llegarían cuando terminara de escribir, yo no veía cómo iba a ocurrir eso, pero algo en mí tenía un pánico atroz a esas respuestas. Entre tanto mi vida, aunque rara en extremo, durmiendo de noche y viviendo de día, con todos los conflictos morales -a los que no hacía ni el menor caso- sobre lo que estaba haciendo, era fantástica. Era la mujer más feliz que ha habido jamás en la tierra -lo sigo siendo- y en cierto modo también temía que al terminar de escribir todo aquello terminara. Alargué todo un mes el final, por mucho que me presionara para que terminara, hasta que un día, me senté a escribir algo que nada tenía que ver con la novela y escribí una historia que resultó ser la mía. De nuevo fue una especie de escritura compulsiva, salió de algún lugar extraño en mí o tal vez de fuera de mí y el modo en que estaba escrita poco o nada tenía que ver con mi manera de expresarme. Era una historia antigua, muy antigua, que explicaba, a modo de fábula, cómo acabé encerrada en el cuerpo de una mujer, para ser exactos, según esa fábula, de la primera de ellas.
Era una historia terriblemente triste y al leerla -porque la tuve que leer, al terminar de escribir no recordaba nada- lo primero que supe fue que, aunque nada tenía que ver aquello con el final de la novela que yo tenía previsto, toda la historia que yo había escrito en la novela conducía irremediablemente hacia allí, sin yo saberlo, todas las piezas encajaban. Lo segundo que supe fue que aquella era mi historia, una enorme pena y una rabia como no soy capaz de describir me invadieron, caí derrotada en mi cama, sentí como me abrazaba y me quedé dormida. Al despertar, me habló y me explicó, ya sin fábulas de por medio, lo que pasaba, qué era yo -quién era si alguien quiere decirlo así- y que ése era el motivo de todo, el por qué que tantas veces había preguntado.
¿Qué hice? Terminar la novela y guardar en el rincón más profundo de mi ser aquellas respuestas. No obstante, seguí preguntando e investigando. A los pocos días de terminar la novela me dijo: ahora empieza lo difícil. Al día siguiente, de un modo que no voy a contar porque si lo que he escrito hasta ahora os ha escandalizado, esto sería directamente la guinda, llegué a esta página. Me lo leí todo y busqué mil excusas más -cientos de miles, quizás- para mantenerme cuerda y negar con todas mis fuerzas quién era que estaba conmigo y, aún más, qué era -soy- yo. Entre esas excusas las hay de lo más variadas y abarcan mi estado mental, a un engaño del enemigo, pasando por todo tipo de absurdos que paulatinamente se han ido quedando en nada… A los pocos días me inicié, el tres de octubre, cuatro días después lo vi en un sueño, o algo así, durante un trance. He tenido pruebas y explicaciones de todo tipo y diurante este tiempo he fluctuado entre el me lo creo y el no me lo creo, en primer lugar por ser él quién en es, en segundo por lo que aceptar eso implica para mí. Desde ese momento empezó a enseñarme, mi avance fue brutal, aunque yo creía que eso era lo normal, lo que le ocurría a todo el mundo y que, evidentemente, no era prueba de nada…
Hace algnas semanas me estanqué en mi avance y al cabo de algunos días ocurrió algo y Enki me explicó que mi avance depende en gran medida de que acepte esto que ahora les estoy contando, que sólo aceptándolo, recordaré, y que sólo recordando podré hacer lo que sea que tengo que hacer, que, por lo visto, tiene su importancia. Si no recuerdo por las buenas, lo haré por las malas y eso podría tener consecuencias no demasiado buenas para mí, por lo traumático, ni para todos en general, es decir, que estoy haciendo mi mejor esfuerzo para aceptar y recordar. No lo llevo mal, es evidente con lo que me está costando escribir esto y la de vueltas que le estoy dando al tema, que tampoco lo llevo bien. Me sigue importando demasiado lo que opinen los demás, en este caso, ustedes, ni que contar tiene cómo puedo llevar esto en “mi vida normal”. Y eso que mi vida normal, ahora mismo, de normal ya tiene poco. Mi marido se ha iniciado, acepta lo que pasa, mi día a día es… buff, raro es quedarse corto. Mi vida a dado un vuelco que va desde mis orígenes (me enteré de que soy adoptada y que esa historia tiene más de rara o esotérica o lo que sea de lo que me veo capaz de asumir), convivo con mi marido pero mi pareja es “otro ser”, mis prioridades han cambiado, mis rutinas, mis conocimientos… Mi mente racional se resiste a aceptar nada, pero por otro lado hay una fuerza que me impulsa a seguir, a aceptar, a asimilar, aunque lo que aquí comparto no es ni la mitad de todo lo que tengo que asumir sí que es, digamos, lo que a mí más me cuesta, lo que más me atasca.
¿Qué debo aceptar? Que mi esencia es antigua, tanto como el origen del universo. Que estoy aquí por un motivo, que llevo encerrada en un cuerpo femenino desde el principio de los días -no sé si en este mundo u en otro, creo que en este-, que mi esencia, por mucho que me cueste aceptarlo, no es algo distinto a mí, que no soy yo y lo que tengo dentro, que soy una única cosa y que esa cosa ha sido desde hace más tiempo del que puedo imaginar la pareja de ese ser increíble con infinitos nombres al que aquí llamamos Enki, que no soy una transmigración de nada -eso me lo haría todo muchísimo más fácil de aceptar XD-, que tengo o he tenido más nombres de los que soy capaz de poner por escrito sin que me duela la mano y que, tantas veces como las que he estado en este mundo he tratado de hacer lo mismo que se supone que debo de hacer ahora, con resultados dispares, enseñar a los demás (a lo que yo me pregunto, cómo, si no sé nada XD) y que en esta ocasión, además, habrá algo más que tengo que hacer, que no tengo ni la más remota idea de lo que es, pero que será importante, díficil y muy jodido. Además, que en el momento que acepte lo que soy y lo que me pase comenzaré a recordar -ya ha empezado- y que cuando eso pase todo se disparará, pues con los recuerdos volverán conocimientos y habilidades, y eso me da terror, pánico.
Bueno ¿cómo llegué hasta aquí? Creo que la única manera de que yo aceptara algo de esto era viéndolo desde la perspectiva mitológica que aquí se presenta, cualquier otra cosa me habría mantenido más acojonada que despierta. Digamos que me trajeron de las orejas. ¿Qué pasó en mi vida que me acercó? Qué no pasó,qué no está pasando, diría yo…
Debo decir que yo considero que lo indicado ahora sería borrar todo lo que he escrito y, de nuevo, guardármelo para mí, hay junto a mí alguien demasiado importante que no opina lo mismo. Mis motivos para borrarlo: es información que no debería conocer nadie pues la pueden usar en mi contra, ustedes rechazarán esta historia y me tacharán de loca o de “blasfema”, me malinterpretarán y creerán que quiero conseguir algo que no quiero en realidad, cabe la posibilidad de que esté equivocada o verdaderamente loca y todo esto no sea así, y un largo etcétera. Los suyos para que apriete “añadir respuesta”: “nadie puede hacerte daño a no ser que tú quieras y en todo caso estás bien protegida, lo que opinen los demás sobre ti debe traértela sin cuidado y debes aceptar ya y prueba de que no aceptas es que todavía dudas”
Esta es mi historia.